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 15/10/2021

Deforestación ribereña afectaría funcionamiento de los arroyos

Al eliminar los árboles de las orillas de estas fuentes de agua aumentan la radiación solar y la temperatura, por lo que el metabolismo acuático y la dinámica de los nutrientes se altera.

Este es uno de los hallazgos del primer estudio sobre conexiones ecológicas entre arroyos y sus zonas ribereñas en la Amazonia, realizado por la doctora Angélica María Torres Bejarano, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, en el que estableció, además, que el ingreso de materia orgánica también se afecta, incidiendo en la diversidad y abundancia tanto de la fauna como de los insectos acuáticos que emergen.

"En los años 80 se descubrió que los ríos estaban conectados con sus bosques de ribera pues ellos les aportaban hojas, ramas, frutos y pequeños animales (materia orgánica) que caen al agua y se convierten en hábitat o alimento para diferentes especies acuáticas. Sin embargo, recientemente se encontró que los ecosistemas acuáticos también exportaban insectos a los ecosistemas terrestres", recuerda la investigadora.

Agrega que "muchos insectos, como las libélulas y los mosquitos, cuando son larvas viven en el agua, pero cuando son adultos les salen alas, emergen y se trasladan a los ecosistemas terrestres. Allí se convierten en alimento de arañas, aves, murciélagos, reptiles y mamíferos".

En tal sentido, la doctora Torres advierte que "todo esto aportó evidencia de algo que los indígenas han sabido desde hace años: todos los ecosistemas se encuentran conectados a través de vínculos de materia y energía. Esto demuestra, además, que el bosque es como el supermercado de los peces, y por eso nos preguntamos qué pasaría si se lo quitamos".

Explica además que "la Amazonia ofrece servicios ecosistémicos vitales como la regulación del clima mundial, el mantenimiento de la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Pero más allá de eso existen conexiones fuertes y a veces sutiles que constituyen una red ecológica de interacciones que mantienen el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos y terrestres de esta región".

Con y sin bosques

La investigación sobre las conexiones ecológicas entre arroyos y sus zonas ribereñas se realizó en 2018 en 27 puntos de 3 arroyos de aguas negras (Yahuarcaca, Arenosa y Pichuna) en el Amazonas, durante las estaciones de lluvia y sequía.

En cada arroyo se establecieron 3 tramos con diferentes niveles de complejidad estructural de la vegetación ribereña: uno con bosque conservado, otro con cobertura de dosel entre 40 y 60 % y uno con bosque de ribera reducido o ausente, con predominio de vegetación herbácea y proximidad de carreteras y casas. Esto, con el propósito de evaluar si la estructura de la vegetación ribereña y la estacionalidad afectaban las conexiones ecológicas entre estos ecosistemas.

La investigadora encontró que estos arroyos, de no más de 18 km y caracterizados por tener muy pocos nutrientes debido a la antigüedad geológica de las superficies por las que discurren, presentan no solo una alta diversidad de peces sino que además cada arroyo es como un universo: "se registraron 117 especies, una cifra no despreciable comparada con las 52 especies que hay en toda la península Ibérica, y además muy pocas especies se comparten entre arroyos", puntualiza.

Esta diversidad se relaciona con el buen estado de conservación de los bosques ribereños, pues encontramos que la mayoría de esos peces obtienen su alimento de allí, pues el 56 % de sus contenidos estomacales fueron de origen distinto al sitio donde se encuentran. Les encanta comer insectos terrestres como hormigas y termitas, además de frutos y hasta flores. Esto demuestra que el bosque es como el supermercado de los peces, entonces ¿qué pasaría si se los quitamos?

Lo anterior se relaciona con otro de los hallazgos: el 58,8 % de la densidad de los artrópodos que ingresan a los arroyos fue aportada por los tramos con un bosque ribereño mejor conservado. Así mismo, en estos tramos la abundancia y biomasa de los artrópodos fue del doble en contraste con las zonas de vegetación más intervenida.

Por último, la investigadora reflexiona sobre la importancia de conservar la unidad funcional arroyo-bosque ribereño para garantizar el mantenimiento de todos los servicios ecosistémicos y de organismos tan importantes como los peces, que representan una importante fuente de proteína para las comunidades indígenas (542 g per cápita por día) y un ingreso económico debido a que muchas especies son comercializadas como ornamentales.

Además, algunos peces, como la gamitana o cachama (Colossoma macropomum) y el sábalo (Brycon amazonicus), ayudan a "sembrar bosques" porque comen frutos y dispersan sus semillas, por lo que juegan un papel muy importante en su mantenimiento.

"¿Queremos tener peces?, entonces tenemos que conservar el bosque", argumenta la investigadora.

Fuente: Agencia de Noticias UNAL.

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